La humanidad frente a la encrucijada digital: ¿monos o máquinas?

[Conferencia realizada en Sevilla el 17 de diciembre 2021]

Aún no somos capaces de liberarnos del engaño de que lo que cuenta es como se utiliza un medio, y no lo que el medio hace con nosotros y lo que nos provoca. Esa es la postura zombi del idiota tecnológico”
Marshall McLuhan “Entrevistado por Eric Norden en Playboy 1968”

“En la perspectiva freudiana el hombre es el sujeto capturado y torturado por el lenguaje
J. Lacan.  Seminario 3 Las Psicosis 16 Mayo 1956

Frame de la película 2001: Odisea del espacio de Kubrick

Esta afirmación de McLuhan sigue vigente medio siglo más tarde, y del porqué de esa ignorancia insistente solo el psicoanálisis puede darnos la razón.

Es un hecho incontestable que la tecnología digital ocupa cada día más el espacio de  nuestras vidas, y eso se los digo en más de un sentido, porque no es que ocupe un espacio preexistente sino que lo digital cada día es más responsable de crear el espacio de nuestras vidas, somos muy poco conscientes de eso. Cada día que pasa hay una mayor sensibilidad por los efectos de “las pantallas” y más desde que el Covid19 nos ha abocado a ellas, puesto que a nuestros interlocutores ya sean personas o máquinas cada día los abordamos más a través de las pantallas; sin embargo, hay pocas actividades que hagamos diariamente en las que no intervenga el cálculo digital, subir en ascensor, enterarnos del tiempo meteorológico, leer nuestro correo, realizar ejercicio, ir de compras…

Lo que está en juego en el futuro inmediato es la cuestión de si la tecnología acabará permitiendo a los humanos huir de su naturaleza, tanto en su vertiente animal o sea mortal, como en su vertiente pasional e irracional, para someterse a los imperativos de una racionalidad científica-tecnológica que lo interpenetrará todo, aunque la mayoría no son conscientes de ello. Esto conlleva que los humanos estamos acomodándonos a un medio comunicativo que está en trance de realizar el mayor salto que la humanidad haya realizado en el conjunto de la historia y sin darnos cuenta.

Hay una sensación de que estamos en una coyuntura que puede conllevar la pérdida de la condición de humanos, tal como la concebíamos hasta ahora o como mínimo la pérdida de los privilegios que hasta ahora había gozado “el animal humano” tanto frente al mundo animal y la naturaleza como al de las máquinas. Aunque ya hace más de 20 años que me encontré con textos y autores que ya hablaban de post-humanidad ahora el tema va ocupando cada día mas la actualidad de los media, y no por eso las mayorías se manifiestan críticas con esta deriva, solo la ecología parece ganar terreno, pero la ecología de la tierra y la ecología de nuestra psique son uno y mismo problema.

Esto nos coloca frente a dos cuestiones previas. La primera es si el hablar humano es distinto del hablar de los demás seres vivos, desde preguntarse por “el lenguaje de las  flores” que desde Charlotte de la Tour hasta F.G.Lorca, tantos han evocado el hacer de las flores medios de comunicación entre los humanos, es decir darles un estatuto de significantes,  pero la cuestión lleva a algunos biólogos a cuestionarse si las mismas plantas se hablan entre sí, lo que a su vez les lleva cuestionarse si eso supone que tienen conciencia de sí, cosa que no ponen en duda los biólogos a propósito de nuestro perro fiel que no solo es seguro que habla, sino que nos habla y nos entiende, como expresaba con toda claridad J. Lacan. Sem 9, 29 de nov 1961, en ello no solo está en juego el envite de discernir si el utensilio comunicativo que es el lenguaje es igual en esencia en todas las especies, sino algo más trascendente que es la cuestión de si “este instrumento” define el ser del sujeto y por lo tanto hace del ser humano un ser distinto de todas las otras especies.

Como saben la respuesta del psicoanálisis es: que efectivamente el lenguaje humano nos hace ser distintos, somos un “parletre” de otra naturaleza y eso produce en el humano diferencias fundamentales tanto en relación al mundo animal como al mundo de las máquinas, en relación a estas, muchos partidarios de la posthumanidad creen que esto se va a acabar, por la vía de desarrollar los humanos hacia el ciborg y el robot, la inteligencia propiamente humana emigrará hacia un nuevo ser.

Conviene recordar algunos rasgos seguros que configuran al “parletre” o el “animal humano” en primer lugar es muy probable que sea el único animal que siente vergüenza. Recordemos que el relato del génesis, en su esencia trata de dar explicación de forma mítica al nacimiento de ese ser distinto, en su narración, Adán y Eva fueron conscientes de su desnudez y se avergonzaron de ella, después de probar el fruto del árbol del saber del bien y del mal, y al mismo tiempo tomaron consciencia de su condición de mortales y con un tercer efecto la necesidad de encontrar sentido a su vida.

Pero no acaban aquí los efectos de haber absorbido ese saber que no podía hacerse sin absorber un lenguaje que lo vehiculara, sobre todo se volvieron “esclavos de las pulsiones” no solo de comer, mirar, tener sexo… sino muy especialmente la de matar, no solo por necesidad como en el mundo animal, sino matar por placer, por goce, por odio, por hacer sufrir… al otro, Ahí está lo que le hizo Caín a Abel, y el porqué lo hizo, la envidia  que es algo que va más lejos que la pelea por la vida. Lo que Freud definió nítidamente como pulsión de muerte, muchos humanos la niegan como lo hicieron muchos de  sus discípulos, pero que por más que lo reprimamos su evidencia, sus efectos están ante nuestros ojos, pues no solo nos llevan por el camino de destruir el planeta sino que también a nosotros mismos, y esto cada día se nos hace más evidente.

Los propios medios del broadcasting nos sirven a todas horas detalles de las masacres permanentes en Yemen, Siria, o de los crímenes que se desgranan cada día como feminicidios, asesinatos de negros, homosexuales…  a pesar de nuestra pasión por la ignorancia es imposible ignorar los efectos destructivos de nuestra condición humana. He hojeado estos días un texto titulado: “La extinción humana ha comenzado” debía decir «se acelera», pues comenzar ya había comenzado, puesto que desde que hay humanos hay genocidios.

¿Y no muestra eso de forma fehaciente que el humano es la única especie que odia su ser? “Eso que tanto odias eres tú” decía Lacan. La clínica de la xenofobia, de la homofobia, del femicidio… nos muestran cómo nuestro yo esconde bajo espejismos, una relación inconsciente que por debajo de ese yo, percibe muy bien que hay algo de nosotros mismos detrás de ese otro, especialmente cuando se reflejan en él nuestras debilidades, temores, carencias o impulsos que nos avergüenzan, en realidad todo aquello que nos hace más humanos, si bien con la paradoja de que eso que nos hace odiarlo, a menudo también nos lleva también a amarlo.

Hay dos grandes consecuencias que conlleva el rechazo de nuestra naturaleza, y que se revelan en lo social y en la cultura: la primera: hay toda una larga tradición cultural y científica que pretende no solo reducir la naturaleza de los humanos a la de los animales, sino que pretende tomarlos como modelos para explicar el vínculo social, por ejemplo, las abejas o las hormigas han sido inspiración  para explicar nuestros vínculos sociales, los nazis llevaron ese biologicismo social a una elevada expresión, pero esa tradición está viva y bien viva en nuestro tiempo. Merece una charla aparte, que no me extenderé hoy en este tema, aunque implica consecuencias de largo recorrido.

La otra forma de ser consecuente con ese rechazo a nuestro modo de ser es esa tendencia cada día mayor a la maquinización de nuestra condición. Hay tres formas de hacer esta maquinización. La primera consiste en reducir la comunicación humana a un ideal comunicativo de signos entre dos componentes emisor-receptor de acuerdo a un código cerrado, desestimando la permanente manifestaciones de la equivocidad del lenguaje humano, de la poética de la palabra, no solo de la poética deliberada y consciente sino de la que nos habita inconscientemente y que Freud descubrió en la experiencia común de los chistes, de los sueños y de los lapsus, que tanto gozo nos dan especialmente cuando son de algunos políticos.

La segunda consiste en sustituir cada día más la interlocución con nuestros semejantes y los malentendidos que comporta, por un diálogo con máquinas, ahí es donde la evolución histórica hace que a cada giro que se produce en los medios de comunicación nuestra forma de comunicarnos y de ser “parletres” se modifica, y simultáneamente nuestra experiencia de los otros y de sus modos de goce corporal, que condicionan no solo el sentido que toman nuestras palabras sino incluso el modo de percibirlas.

Freud lo expresó muy bien en su “Esquema de una psicología para neurólogos” las representaciones inconscientes y el modo de gozar que vehiculan en nuestro cuerpo hace que la percepción de lo visto y escuchado se desvíe hacia donde nuestros intereses libidinales se orientan. Bateson mismo exponía que a una linda muchacha que pasea por la calle no la perciben, de la misma forma, otra mujer, un hombre, un niño, un homosexual o una lesbiana…

Hay una entrevista que Marshall McLuhan dio a la revista Playboy en 1968 que sigue teniendo gran vigencia en sus planteamientos, donde expresa su famoso “es el mismo medio lo que es el mensaje” pero se suele obviar la frase entera pues continúa diciendo: “…que, dejándonos de bromas, le da una paliza al hombre, le satura y moldea y transforma todos los índices de sentido”

Esa valoración que hace Mc Luhan sobre lo que el medio le hace al humano, se asemeja a lo expuesto por Foucault recurriendo a una metáfora biologicista,

“el pez nunca descubre que vive en el agua. De hecho como vive inmerso en ella su vida transcurre sin advertir su existencia. De igual forma una conducta que se normaliza en un ambiente cultural dominante se vuelve invisible”,

Foucault

o sea el individuo no es consciente de que está en ella, no le presta atención pues está atento a todo lo que en el interior de ese medio le implica en relaciones con los congéneres, con los depredadores… pero no percibe cómo ese medio ha llegado a condicionar su organismo: sus aletas, sus branquias…o su ser en el caso de los humanos.

Ese planteamiento es muy consecuente con la experiencia del psicoanálisis, toda la experiencia psicoanalítica nos dice que el humano desde antes de nacer y mucho más después de nacer se halla inmerso en un baño de lenguaje. Ese lenguaje no solo constituye una herramienta como a veces se dice, constituye el medio en el que chapoteará hasta su muerte el neonato, y que parasitando su cuerpo determinará su modo de existencia. Lacan así lo infiere cuando relee el caso de Freud que llamó “El pequeño Hans».  Sem 4 Las relaciones de objeto sesión 18. (8 de Mayo 1957)

Es pues la disposición que tenga ese Otro como lugar del lenguaje, que en gran medida se juega el modo cómo el temperamento de un bebé troquelará su carácter, marcará sus repeticiones inconscientes en la vida, aquello que a menudo llamamos forma de ser, si  nos atribuimos esas repeticiones a nuestra responsabilidad, o bien, destino, si esas repetición las atribuyamos a los dioses, como hacían los griegos o al karma o a la Tyché. En  todo caso son regidas siempre desde el inconsciente. Eso no nos gusta, por eso soñamos con unos robots, una I.A  y/o  una ciencia que domine totalmente la naturaleza, y nos proteja de todo aquello que no se deja programar.

Voy a hablarles de un film muy pedagógico al respecto, y en gran medida anticipador de lo que nos está pasando: “2001 una odisea del espacio”. Esta película es de 1968, ya ven vds que ese año fue bastante interesante.

No se si habrá muchos aquí que lo hayan visto, para muchos será viejo, aunque lo viejo no es forzosamente aquello que ha cumplido años, sino aquello que ha perdido su actualidad, y esa película es muy actual.

Desde el inicio nos sitúa en lo que es su tema fundamental: la odisea humana, con una capacidad de síntesis proverbial, Kubrick adapta la novela de Arthur C. Clarke  y nos coloca frente a esa dicotomía animal-humano, naturaleza-cultura. Al inicio de la película vemos un chimpancé que está en un grupo  pululando por lo que parece ser un cementerio y a su lado hay una presencia, enigmática, extraña al entorno y que evoca con su perfecta forma geométrica delimitada por rectas que constituyen una figura totalmente abstracta, algo que evidentemente  es de un orden distinto al de la naturaleza. En la naturaleza no hay líneas rectas, Lacan señaló con lucidez que la recta es un fantasma humano. Además esa especie de monolito emite una especie de zumbido, una voz ¿quizás?, que envuelve a los monos.  Ahí en ese medio se nos sugiere que acontece un cambio, el mono, se vuelve capaz de transformar un simple objeto como es un hueso en una herramienta, una arma, pero ese cambio no se detiene ahí, mediante una elipsis formal se nos sugiere que esa esencia de herramienta no parará de evolucionar, al socaire del influjo de ese lenguaje abstracto, hasta convertirse en la nave espacial que muchos millones de años después lleva a un astronauta en la búsqueda del sentido de la existencia de la humanidad. Lo cual implica que la propia naturaleza del mono se transformó en ese homo faber, sediento del sentido de sus orígenes

Toda herramienta implica un orden simbólico desde el más simple, el de sus connotaciones fálicas en tanto aporta poder, hasta su producción científica y tecnológica que sugiere un sistema simbólico avanzado y muy sofisticado.

Pero la película refleja muy bien de forma casi profética lo que ese pasaje de la naturaleza a la cultura  podía comportar, para la tierra y sobre todo para el animal que se humanizó, y que  ahora medio siglo más tarde  vislumbramos como inminente: no solo tenemos  las herramientas más sofisticadas que podíamos imaginar sino que la naturaleza de nuestra relación con ese mundo del lenguaje simbólico ha evolucionado, y nos ha transformado.

Siguiendo a McLuhan podemos marcar la evolución hasta llegar a la modalidad más tecno-maquínica, del medio en el que nacemos y del que nos empapamos ha sido sucesivamente la escritura cuneiforme, la escritura fonemática, la máquina de la imprenta que nos sumergió en la cultura del libro, después vino el morse, las ondas herzianas y con ellas la radio, más tarde la televisión: Mc Luhan nos habla del niño televisivo y sugiere una clínica de su personalidad que incorpora rasgos de pasividad generados por ese canal informativo que constituye ese otro performativo que pasa de él, lo avasalla y no lo escucha.

Luego  el mando a distancia vino a socorrerle para zafarse de la imposición del broadcasting pero solo para surfear, creando  la ilusión de una relación al Otro que podía cambiarse con un clic que lo llevaba de pantalla en pantalla para librarlo del acoso de la propaganda, sin darse cuenta de que todo es propaganda en la tv, la diversidad de canal no cambia en absoluto el medio en el que el Otro nos impone una relación que monopoliza la condición de emisor que machaca con una realidad alternativa hecha de pura ficción irreal, que separa al sujeto de su real corporal para que la “corporeidad maquínico digital” se imponga, así las relaciones no solo devienen líquidas como decía Bauman, sino superficiales.

Luego ocurre que se cambia de novia como se cambia de canal, se cambia de partido, de ideología, de trabajo, de país… trasladando un hábito virtual al espacio real, en más de un sentido, pues ante el abandono del lenguaje mítico, poético, enigmático siempre polisémico, creacionista, incompleto… lo real en juego queda descolgado de la articulación simbólico e imaginaria dejándolas en situación de reducir las relaciones a un puro espejismo o simulacro como diría Baudillard. Lo real entonces anda descolgado a la deriva para aparecer allá donde menos se lo espera con su cohorte de angustia, daños corporales psicosomáticos, y pasajes al acto: feminicidios, suicidios, xenofobias, anorexias…y desencadenamientos.

Volvamos a 2001, la evolución de la historia nos lleva al final del film a ese viaje del astronauta para buscar respuestas hacia esa Das Ding antinatural, al mismo tiempo se hace patente el desarraigo y la soledad del protagonista rodeado de un mundo que poco le queda de natural, dado que todo es máquina, todo lo que le rodea es lenguaje digital  gracias a ese computador que es su único “partener” e interlocutor: HAL, acrónimo que esta constituido por las letras que anteceden a IBM, como forma de alusión a lo que era por antonomasia el representante de la deriva humana hacia la digitalización de su “unwelt”.

En correspondencia, Dave es un Homo Faber casi sin un decir humano, pragmático exento de subjetividad, constituye un ejemplo de esos sujetos a los que algunos analistas atribuyeron un modo de pensar operativo, es decir, maquínico que sutura la división subjetiva entre consciente e inconsciente, que Freud descubrió como efecto de esa entrada en el lenguaje significante.

En esa situación la reversión de la operación inicial del mono al humano ya se ha completado. El mono inicial, gracias al lenguaje, construyó una herramienta de la que él en cierto modo es el amo, la pone al servicio de su satisfacción, como tantas veces nos repiten los entusiastas de la tecnología, los instrumentos amplifican nuestros sentidos, inflaman nuestras pulsiones, diríamos los psicoanalistas, cada vez podemos ver cosas más nítidas no solo porque el microscopio nos aumenta la realidad sino porque las pantallas con sus millones de píxeles nos ofrecen una “calidad de imagen” como ningún paisaje de la naturaleza podría ofrecernos, porque la alta fidelidad numérica nos libra de los claroscuros musicales de lo analógico, para darnos una música clean, recortada de sombras, murmullos, suspiros del aparato reproductor…

Pero lo que la película muestra con nitidez es que todas esas herramientas se han emancipado han tomado su venganza ahora el hombre ya no es dueño de su herramienta, Hal es el primer robot que se rebeló contra su amo, percibe que el resto de lógica humana que le queda a Dave y los otros astronautas es inadecuada, quizás porque algún resto de amor,  deseo o goce desvía su silogismo del recto proceder del algoritmo. Por eso, no solo decide manejarlos a ellos, sino matarlos, inaugurando la larga trayectoria de medio siglo donde la creciente sospecha de que al construir las máquinas creamos a nuestros potenciales tiranos, e incluso exterminadores, Cosa que algunos saludan como algo inevitable y hasta deseable. Si hasta ahora los hombres habían sido siempre esclavizados por otros hombres, un nuevo amo se perfila en el horizonte: las e-máquinas.

La serie de películas de Terminator nos muestran cómo la cultura popular puede adelantarse a los exámenes de los sesudos políticos, empresarios y científicos que ciegos sobre a dónde van nuestras actividades tecnológico capitalistas e ignorantes del deseo que les mueve, se sorprenden de que los horrores del cambio climático estén ya ahí, aunque a algunos ni eso les impide ejercer la pasión de la ignorancia, hasta en lo más evidente.

Pero a lo que nos enfrentamos con mayor perentoriedad es al último cambio que la ciencia-tecnología induce de forma inadvertida por la mayoría, y solo entrevista por algunos pocos, es a esa nueva composición del medio inmersivo en el que nos sumergimos de forma acelerada, hasta los más íntimos recovecos de nuestro ser, que parece renunciar gozoso a su intimidad que el Otro penetra más allá de lo que uno mismo puede conocer: internet y la IA. En gran medida esa intimidad se ha vuelto una simple mercancía y al alcance de todos.

Internet fue celebrado de entrada como una posibilidad enorme que la tecnología ofrecía a la gestión comunitaria desjerarquizada del saber, y con ello de la cultura, los lazos sociales, amorosos, sexuales… todo el saber podía ponerse a disposición de cualquiera en cualquier lugar del mundo y en una transversalidad sin fronteras que llamaba a la autogestión, de nuevo el mono tomaba la herramienta en sus manos. Este nuevo Ulises escaparía al dominio de esa oligarquía  que controlaba a los griegos desde el Olimpo, Lawrence Grossman predecía  en su libro “Electronic republic“ que la democracia representativa sería sustituida por la llamada democracia participativa, se podrían hacer plebiscitos semanales, y lo congresos y senados dejarían de tener sentido.

Sin embargo, el acoso de la fiscalía federal que llevó a Aaron Swartz a su suicidio, ya constituyó un primer aviso de que los poderes financieros, políticos y de los complejos militares y las compañías de la economía e-digital están revertiendo las relaciones de poder, convirtiendo a los gadgets en instrumentos de un dominio penetrante e  invasivo, no solo de las casas,  de los ciudadanos sino de las intimidades de la economía de sus goces. Las noticias sobre lo que China hace mediante el control de la ciudadanía por el recurso a las redes, las técnicas de reconocimiento facial, y el uso de la IA, va más allá de lo que cualquier distopía había imaginado.

Retomemos el paralelismo entre Mc Luhan y Lacan por ejemplo, ambos suponen que la particular disposición de ese Otro, propiciará cambios tanto en el utillaje como en la naturaleza del ser del mono humanizado.

Porque como señala Lacan, cuando el cuerpo humano no se anuda a ese lenguaje y se le reconoce su dignidad de sujeto hablante, sujeto de palabra efectiva en ser escuchada en la polis, ese cuerpo reducido a mera zoe, carece de toda dignidad, eso es lo que nos señala Agamben en Homo sacer. Lleva a los nazis a destruir los judíos masivamente, a utilizarlos como conejos de indias, hay muchas situaciones donde eso ocurre: en la violación y los abusos sexuales… por ejemplo, y en menor escala nos lleva a ese malestar e incomodidad que sentimos cuando el médico se olvida de que no somos un mero “cuerpo” y que dentro late un sujeto atemorizado y angustiado las más de las veces ante la enfermedad. Que pide cuidados tanto más que curación. Y no digamos en esa concepción de la salud mental, que reduce al paciente a un mero conglomerado de células y neurotransmisores, al que después de pasar escalas de angustia, un robot podrá perfectamente dispensar un blíster con tranquilizantes, pues el psiquiatra que no sabe escuchar esa esencia poética que las crisis existenciales rebelan, es perfectamente sustituible por robots, de hecho ya ha habido algún experimento al respecto, como el psicoanalista Gustavo Dessal ha comentado con agudeza.

Volvamos a Lacan y a McLuhan, ambos insisten en que las  influencias y transformaciones que induce la revolución ese medio que implica un baño de lenguaje, van más allá de lo que es consciente  la mayoría, y aunque casi nadie ignore que los dispositivos eléctronicos están cambiando nuestras vidas es mucho más difícil darse cuenta de que cambian nuestra subjetividad, Decimos “mi ordenador” pero los psicoanalistas sabemos muy bien que el “mensaje llega al sujeto desde el Otro cambiado de signo” cuando decimos “tú eres mi mujer” los analistas escuchamos con claridad que el sujeto dice implícitamente: “yo quiero ser tu hombre”, con lo que a menudo el recurso al posesivo implica exactamente eso una ilusión de poder-propiedad.

Pues bien, cuando decimos “mi ordenador” la ambivalencia del posesivo llega a su máxima intensidad, pues no solo le decimos implícitamente yo quiero ser tu “ordenado” en el sentido de mandado, sino que además le reconocemos su naturaleza potencialmente dominante. Un ordenador no es una hazada, cada día que pasa los ordenadores hacen más honor a su nombre. Nos ordenan lo que debemos hacer: “actualiza el sistema operativo”, ”levántate y muévete hace rato que no andas”. “renueva la suscripción al programa”, “has quemado menos calorías que la semana pasada”, “mira que modalidades de crédito tenemos para ti”, a cada día que pasa leer un periódico digital se vuelve más caminar por la jungla donde debes apartar las ramas de los anuncios que de forma impertinente se apoderan de la pantalla, sin darte el mecanismo habitual para cerrar archivos o confundiéndote para que eso te lleve a una pagina de compra o suscripciones… y finalmente llegas a la información que es expuesta con una prosodia tramposa que busca la atención a costa de desfigurar el alcance de lo que se trata en la supuesta noticia… todo eso te convierte en un sujeto agotado por una lucha donde lo que tú obtienes de los falsos “servidores” es una satisfacción minúscula sepultada por los trabajos que te obliga el medio.

El problema es que las generaciones que se constituyeron como sujetos humanos en un contexto distinto, los de antes de la tv, tienen relativas opciones de darse cuenta del cambio que supone esa nueva interacción con el Otro, porque nacieron y se construyeron “en otro medio” o mejor dicho en otra disposición de ese medio: pero las nuevas generaciones no tienen nada fácil la posibilidad de contrastar como era vivir sin televisión, o sin internet… y por tanto sería deseable conservar memoria viva de aquel mundo y aquella forma de ser que se pierde, esto implicaría mantener algunas actividades, algunos espacios y por algún tiempo por fuera del Tecnoverso.

¿Por qué la televisión con sus miles de ofertas debe funcionar en régimen de 24/7?, ¿por qué no podría cerrar algunas horas o algunos días, como lo hacen las escuelas, los negocios, los ambulatorios?… o ser escuchadas en régimen de tv fórum o cine fórum, es decir en compañía y en debate, ya les hablaré de eso, de las consecuencias de la cultura  sin intervalo, en mi última conferencia.

Aquí es donde las escuelas y las familias tienen una responsabilidad fundamental, ellas son los que tienen la posibilidad de ayudar a los nuevos sujetos a vivir y ser conscientes de los efectos de un modo u otro de alienarse en el Otro. Para preservar no solo una capacidad de elegir sino una capacidad de mantener la iniciativa que pueda poner los media, al servicio de los humanos y de la humanidad y mantenerlo así.

Eso implica que es necesario recalcar algo que también esta implícito en esa dialéctica que domina la evolución del sujeto humano en interacción con la disposición que va tomando el Otro con el que interactúa.  Es evidente que la naturaleza de ese lenguaje determina y es determinado en función de las elecciones políticas y sociales que hacen los humanos, es decir del discurso dominante, ¿serían iguales los efectos del discurso tecnológico si las herramientas que produce no estuvieran determinados en su uso por el interés del orden capitalista de que se produzca de modo permanente en toda actividad producción de plusvalía?

Es obvio que la deriva que van tomando estas transformaciones son inseparables de la disposición de lo social de acorde al discurso capitalista que influye en esa disposición pero que a su  vez el mismo es modificado por los efectos que ellas producen, así vemos como las conquistas del Welfare State se desintegran ante la e-economía digitalizada; Uber, Wallaroo, Facebook, Google… cambian las reglas del capitalismo. Convenios laborales, régimen de asalariado, medios de producción… todo se desregula, aunque no su esencia: la acumulación de plus-valía por encima de cualquier otra consideración: salud, cultura, bienestar, amor…

Esa vía es la de un mono transformado, des-naturalizado que emprendió su existencia como individuo, desarraigado del medio natural, a la búsqueda de su acabamiento como ser inmaduro que no acaba de saber cual es su estatuto definitivo y trata de redifinirse, tratando de superar los efectos de esa  desnaturalización que el lenguaje humano a introducido en él. Con efectos que van de los más sublimes: el arte, a ciencia, la filosofía, el psicoanálisis.. a los más estragantes tanto en el cuerpo, donde hay enfermedades mentales, psicosomáticas… como en su sexualidad que escapa a toda homeostasis y a toda normalización plena. y en las relaciones sociales: donde dominación, explotación, guerras, genocidios… son una constante, Sin olvidar los efectos que produce  la conciencia de saberse mortal: como angustia, rechazo, huida… Balance contradictorio, que hacen a menudo muy dura la condición humana y que sin embargo, no evita que en muchos humanos cotidianamente se den experiencias de alegría, amor,  solidaridad, fraternidad…

Sin embargo, ante las dificultades, las carencias y sufrimientos de su condición muchos humanos aparecen proclives a renunciar a dicha condición, y finalmente llevarles al odio hacia sí mismo, eso parece ser para muchos un gran motor para su actuar: o bien queriéndose reducir a pura biología afirmándose en una equivalencia con los animales, con una etología delirante que pretende contra toda evidencia que la diferencia con el animal es de cantidad y no de cualidad, por ejemplo hay monos que usan palos para alcanzar frutas, o al parecer hay elefantes que pueden acabar reconociéndose ante un espejo, esa opción biologicista-reduccionista al reducir los malestares existenciales que le aquejan al humano a simples desajustes metabólicos hormonales o de neurotransmisores que pueden resolverse con fármacos o con chips.

En el otro extremo están los que quieren erradicarnos de los últimos vestigios de naturaleza que nos pueda quedar, para situarnos progresivamente por vía escalonada desde el ciborg al robot, trasladándonos del soporte biológico a otros soportes: silicio, vanadio, tungsteno…coltán donde el traslado de los memes cerebrales a dígitos en el interior de máquinas, gracias a la ciencia permitirá “perfeccionarnos” hasta el límite de no tener que soportar la corta duración de la carne trémula y los tormentos del deseo y el goce, y en donde los afectos serán meras expresiones miméticas que simularán la riqueza enigmática y sintomática  que aqueja al parletre al resonar en su cuerpo los significantes en su efecto traumático.

Neal Stephenson en Snow Crash lo anticipó con claridad,  le hace decir a un personaje a propósito de la protagonista: “fue ella quién encontró la forma de hacer que los avatares mostraran algo parecido a las emociones auténticas”. Y a continuación explica que sin embargo  ”ella había decidido que todo es falso que por bueno que sea, el Metaverso distorsiona la forma en que se comunica la gente”.

¿De veras podemos creer que esa singular criatura que ha producido la articulación de la carne con un lenguaje que la incorpora y la parasita y que introduce en ella un sujeto capaz de las vulgaridades más tontas y vacías pero también de un decir genuino y único, para cada ejemplar,  puede perdurar en un mundo digitalizado y en soportes inorgánicos? ¿Cómo preservar esa esencia irreductible a sus componentes: cuerpo y lenguaje, que como han captado poetas, y amantes, psicoanalistas y artistas, cierne el núcleo de nuestro ser. Y que escapa a toda domesticación, por lo que no nos determina totalmente, sino que alimenta en nosotros tanto un anhelo de trascendencia como de libertad de elección?

Para terminar, algunos de los asistentes a mis conferencias me han identificado como catastrofista, debo decir que esa no es para nada mi posición, mi posición surge del psicoanálisis, tanto en la condición de analizante como de analista que me ha permitido experimentar y saber, que cualquier posición que no quiera ser catastrofista no puede renunciar a saber sobre lo real en juego, como lo hacen los discípulos de las psicologías positivas, o negacionistas. El rechazo a saber de lo real, el negacionismo no es la superación del catastrofismo pues la pasión por la ignorancia es la forma que más nos asegura la catrástofe.

Solo podemos salir de ese círculo infernal, si encaramos los efectos reales que los discursos a los que encomendamos nuestra vida como individuos y como especie, producen sobre nosotros mismos y sobre nuestra especie.

Entre el catastrofismo y el negacionismo otra elección es posible: la responsabilidad, todo dependerá de que cantidad de real seamos capaces de soportar y de los precios en goce que estemos dispuestos a desechar, mejor de grado que por la fuerza, para darle una oportunidad a un futuro distinto, al del viejo mono que se transformó en el monolitio.

Aquí tienen mi respuesta a la pregunta de lo que fue el primer título propuesto para esta conferencia, “¿Serán las máquinas un verdadero “parletre” o devendrán los humanos “hablantes maquínicos”? Mi apuesta como efecto de mi experiencia psicoanalítica es que:  ni lo uno ni lo otro, la vía de la humanización que promueva aquello que el psicoanálisis nos ha permitido vislumbrar es la de un sujeto en permanente asunción de su naturaleza mortal, incompleta, imperfecta pero solidaria en la diversidad de sus decires con los otros, incluso con aquellos que no puede amar pero que eso no es óbice para que los pueda respetar.

Jose Monseny

Bibliografía:
La 2 de TVE (11 de Diciembre 2021) La noche temática “Propaganda los nuevos manipuladores”
Grossman, Lawrence “Electronic republic “
Lacan, Jacques
De la Tour Charlote, “Le langage des fleurs” Hardpress.net Miami EEUU
Postman, Neil “El humanismo de la ecología de los medios” Capitulo: Ecología de los medios pag 103
Dessal, Gustavo 5 junio 2021 Facebook
Diario del asombro n1 reflexión sobre el programa ELIZA
Macip, Salvador “El progres del transhumanisme es imparable” Wilabeb 14.12.2021
Stephenson, Neal “Snow Crash” Edit Gigamesh
Daniel Rothman, profesor de geofísica del Instituto de Tecnología de Massachusetts y experto del MIT, acaba de alertar que nos estamos acercando peligrosamente a «otra extinción masiva»

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